MANIFIESTO FILOSÓFICO DE RESISTENCIA
por Annet Ramón
I. Del origen del sometimiento
Nacimos en un mundo diseñado antes que nosotros.
Un mundo donde la monarquía y el feudalismo exprimieron al pueblo
hasta que su sangre abrió el camino hacia la liberación.
Pero la liberación fue un espejismo:
cambiamos de amo,
no de destino.
El capital ocupó el trono.
El dinero se volvió dios.
Y la producción infinita nos convirtió en devotos involuntarios.
II. De la falsa libertad
Nos hicieron creer que éramos libres.
Que la meritocracia era un ascenso justo,
cuando en realidad era el mismo yugo
con un nombre más elegante.
Los cerdos gordos heredaron la opulencia,
los campesinos heredaron el polvo.
La tierra que alimentaba a sus abuelos
se volvió ajena, cercada, vigilada.
El jornal reemplazó la dignidad.
El sistema, ese monstruo voraz,
lucra incluso con nuestra duda.
Nos ahoga, nos pudre,
pero sigue vivo gracias a nuestros cuerpos cansados.
III. De las promesas que seducen
En medio del cansancio y la muerte,
el comunismo aparece como un dulce prohibido:
un susurro que promete que nadie estará por encima de nadie.
Pero no es un premio,
ni una pócima sagrada.
Es un camino torpe,
mal transitado,
que cojea y tropieza
cuando alguien intenta caminarlo sin conciencia.
Atrévete a imaginar
un mundo sin amos.
El vértigo que sientes
no es peligro:
es tu mente esclava
aprendiendo a respirar.
IV. Del miedo a lo posible
Tememos la ausencia de moneda,
la ausencia de salario,
como si la vida no hubiera existido
mucho antes del dinero.
Tememos la pirámide invertida,
el poder repartido,
la comunidad decidiendo sin manipulación,
sin democracias enfermas,
sin políticos perpetuos,
sin discursos que anestesian.
Tememos, porque nunca lo hemos visto.
Tememos, porque nos dijeron que era imposible.
Tememos, porque lo posible da miedo cuando libera.
V. De la incertidumbre como virtud
La verdad es que sí:
hay más incertidumbres que certezas.
Pero ¿qué vida vale la pena
si ya está escrita de antemano?
¿Qué libertad existe
cuando el sistema dicta
qué somos,
qué valemos,
cómo vivimos
y cuándo morimos?
VI. De la decisión última
Yo elijo resistir.
Elijo buscar caminos que aún no existen.
Elijo la incomodidad de lo nuevo
sobre la comodidad de la opresión.
Prefiero morir explorando rutas desconocidas
que seguir siendo objeto de consumo:
desgastado,
desechado,
arrojado a la vereda,
olvidado.
VII. Declaración final
La resistencia no es un acto violento:
es un acto de conciencia.
Es recordar que nacimos humanos,
no engranes.
Es afirmar que ningún sistema
tiene derecho a devorar nuestra vida.
Es levantar la voz,
aunque tiemble.
Es decir:
No quiero este mundo tal como es.
Y no voy a aceptarlo dócilmente.
Prefiero inventar otro.